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18 de junio 2004


 

Nicaragua y Costa Rica: una relación de amor y odio (Resumen) 

Carlos Powell


 


Título original en portugues: Nicarágua e Costa Rica: uma relação de amor e ódio

Traducción: Institucional Adital

 

 

 


Adital - Nicaragua - Carlos Powell * para Adital - "La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida", dice la canción de Willy Colón: el joven actor César Meléndez, un nicaragüense que como muchos miles de sus conciudadanos, cruzó un día la frontera hacia el país vecino en busca de mejor suerte, la encontró, pues el mes pasado recibió de manos del ministro de la Cultura de ese país y ante la presencia del propio presidente tico (nacido en Costa Rica), Abel Pacheco, el codiciado galardón nacional al mejor actor del año 2003.


 

 

 Una extraña - e interesante - paradoja con fuertes ribetes políticos, sociológicos e identitarios, entre dos países vecinos que viven en un permanente "estira y encoge" desde 1821, cuando declararon - juntos - su independencia de España. La nominación de César Meléndez no se dio fácilmente: todavía a inicios de este año las autoridades culturales ticas lo ignoraban completamente, a pesar de que la obra de dos horas y 15 minutos de duración "El Nica", muy crítica de la auto representación identitaria tica, ya había sido presenciada por más de 50 mil costarricenses, constituyendo un récord nacional absoluto de más de 400 representaciones en diversos países.

 


 

 Curiosamente, el anuncio de la nominación se dio en medio de violentos conflictos entre la policía y los residentes nicas (nacido en Nicaragua) en el barrio La Carpio de San José, donde se hacinan la mayoría de los migrantes nicaragüenses - legales o ilegales.

 


 

 Las características de esta migración permanente, clandestina, estacional o definitiva, hace que las cifras sean muy dispares. Según la investigación para la película "Desde el barro al sur", que aborda la problemática del autoexilio económico, 200 nicas cruzan la frontera por día. Por su parte, el investigador Eduardo Baumeister cifra en 310 mil el número total de migrantes sin retorno para la década de los 90 (muy superior a la década de los 80, a pesar de la guerra). El Banco Central de Nicaragua estima en unos 100 mil el flujo anual de "ida y vuelta" (trabajadores estacionales).

 


 

Para rematar todo esto, a pocos días de dicha celebración cultural teatral, se conoció que Costa Rica solicitaba a Nicaragua el voto para la elección de su candidato a la Secretaría General de la OEA, el ex presidente costarricense Miguel Ángel Rodríguez.

 


 

Nicaragua, que ya había decidido apoyar al candidato Flores, de El Salvador, quien se retiró dejando solo a Rodríguez, tuvo que confrontarse a la cruel paradoja diplomática de tener que entregar su voto por un candidato que, siendo presidente de Costa Rica entre 1998-2002, tuvo la osadía de declarar que su país tenía derecho de navegación armada sobre el Río San Juan, que está dentro del territorio nicaragüense.

 


 

 Estas declaraciones provocaron un conflicto diplomático que llegó al límite bélico. El vicecanciller nicaragüense tuvo el desatino de responder públicamente que Nicaragua sólo daría su voto "a cambio de un trato más humano" a sus conciudadanos residentes en al país vecino. Entonces Costa Rica retiró su solicitud de voto y endureció las medidas migratorias para los nicaragüenses.

 


 

Y como todos saben, de todas maneras el 07 de junio recién pasado fue electo el señor Rodríguez a la cabeza de la OEA. Recordemos que, inicialmente, Centroamérica se separó del imperio "en bloque", como hermanos unidos.

 


 

Desde entonces, las guerras, las querellas diplomáticas, las desconfianzas, las agresiones militares fronterizas, los conflictos comerciales, no han cesado. Posiblemente los momentos más difíciles se vivieron durante el período sandinista, pero la oportuna intercesión del presidente tico de entonces - Oscar Arias - en el proceso de pacificación, mitigaron los efectos de haber dado espacio en sus fronteras a fuerzas contrarrevolucionarias. Si fuéramos mal pensados, sospecharíamos que en este asunto de las permanentes querellas entre estos pequeños países que comparten cultura y geografía idénticas hay, como se dice popularmente aquí, "mano pachona": esa que actúa en la oscuridad, maligna y subrepticiamente.

 


 

Una mano maquiavélica que lleva siglos azuzando nacionalismos miopes, dividiendo para reinar.

 


 

 Una mano que de pronto, extrañamente, empuja con vehemencia a los presidentes centroamericanos para que firmen tratados de libre comercio "como bloque", que se integren "regionalmente", que acepten el Alca (Área de Libre Comercio de las Américas) "como región" y que pongan a funcionar el Plan Puebla-Panamá, como "entidad mesoamericana".

 


 

Sólo esto, sin necesidad de leer el contenido de dichos tratados, debería asustar. Pero es quizá porque somos un poco malpensados. Más sorprendente aún resulta todo esto visto desde los países sudamericanos, ya que esta estrecha faja que une dos continentes, aglutina a seis países tan pequeños (siete si incluimos a Belice, por el "efecto TLC"), que en general no superan las dimensiones geográficas de los departamentos o provincias de sus vecinos continentales.

 


 

 Con mano pachona o sin ella, la realidad es que entre nicas y ticos, hay una relación de odio-amor digna de un buen cuadro de psicoanálisis. A los ticos los nicas los tildan de todos aquellos vicios y vilezas con los que vistieron los sudamericanos a los argentinos mientras duró el emporio rioplatense.

 


 

Cuando Menem no tuvo nada más para malvender, el país se derrumbó y dejó de ser una estrella maldita en el imaginario sudamericano y cayeron sobre ella otros sentimientos: la conmiseración y/o un solapado revanchismo: "ahora saben lo que es ser pobres". Pero hasta ese momento todos los argentinos eran soberbios, impertinentes, arrogantes, dictatoriales, intolerantes, engreídos, egocéntricos, irrespetuosos y arribistas en el exilio.

 


 

Los cuentos y los chistes abundan. Costa Rica es pues, a los nicas, lo que la Argentina fue a los latinoamericanos hasta la década de los 70: la detestan, pero la envidian; la repudian, pero codician su bienestar. Dicen, además, que lo que tienen los ticos no es el resultado de su esfuerzo, sino de su entreguismo: "Tienen los reales, pero no el alma".

 


 

De los argentinos se decía: "Son hijos de europeos". Y de los ticos: "Se creen los suizos de Centroamérica", que es casi lo mismo. Sin embargo, se mueve En un extenso ensayo-artículo publicado por la revista centroamericana Envío, el analista costarricense Carlos Sandoval García apunta lo siguiente: "La imagen de una nación de clase media, icono habitual de la nacionalidad en Costa Rica, ha venido erosionándose después de veinte años de programas de ajuste estructural." Y también: "Las políticas neoliberales han profundizado las inequidades".

 


 

E ilustra: "Las elecciones generales de 1998 y 2002 reportaron el más alto índice de abstencionismo desde las elecciones generales de 1953." Su excelente artículo pone en evidencia la actual crisis identitaria tica y la enorme desconfianza civil hacia sus dirigentes políticos. Nadie le desea a Costa Rica el desastre de Argentina para mirarla de otra manera. De hecho, miles de familias nicas sobreviven con las remesas que les llegan de Costa Rica. Pero algo, lentamente, comienza a moverse en la sociedad y en el contexto económico tico. Y por lo tanto en su actitud hacia los centroamericanos.

 


Ningún país centroamericano logró, como Costa Rica, organizar su sociedad civil para salir a las calles a exigir revisiones en los procesos de privatización que asolan a toda Latinoamérica. Y el gobierno, ante la presión popular, tuvo que retroceder.

 


Aunque Costa Rica se separó del "bloque" y terminó negociando "en solitaria" las condiciones de su TLC con Estados Unidos, la realidad es que terminó firmando. Los ticos están empezando a sentir los rigores del neoliberalismo en su entorno cotidiano y ya no como una información de segunda mano, aquello que le sucede "a los otros". Aunque es verdad que tienen - económicamente hablando - la piel más resistente que la de sus vecinos, el dolor de la caída es proporcional: duele más cuando se cae de más arriba.

 


 

 Es posible que, sociológicamente, de los signos de estos cambios en la mentalidad tica, aunque parezca ingenuo, sea la masiva aceptación de la acusadora obra teatral "El Nica" en su propio territorio. Una especie de mea culpa, una autoflagelación, o simplemente parte del esquizofrénico tablero diplomático sobre el que se juega esta partida de vecinos que se aman y se odian alternativamente. Mientras reunía el material para la elaboración de esta nota, me topé con una información en la esquina de una página secundaria de un periódico que titulaba: "Canadá ya no quiere más Ticos". Oye, hasta hace poco los ticos, por ser los suizos centroamericanos, no necesitaban visa para entrar en Canadá. Ahora sí. De verdad que se mueve. Por lo menos eso tiene la aplanadora neoliberal: nos está poniendo a todos parejitos, a nivel del suelo.

 


 

* Carlos Powell es corresponsal de Adital en Nicaragua.